
LOS MURALES DEL RECUERDO
BETOLAZA

El mural de Betolaza representa el funcionamiento de un molino hidráulico. Además, desde una ventana nos mira Garbiñe Díaz de Mendibil.
EL MOLINO
Desde la antigüedad había que moler los cereales para transformarlos en harina con la que elaborar el pan. Con este fin, y con el de preparar piensos para los animales domésticos, imprescindibles en el mundo rural, el uso de los molinos se generalizó a partir de la Edad Media. En Betolaza, en el pequeño edificio donde luce el mural, existió un molino, aunque no se trató de un molino hidráulico como el que se muestra, sino de uno eléctrico.
LA ÚLTIMA EUSKALDUN ZAHARRA EN BETOLAZA
Garbiñe Diaz de Mendívil, representada en el mural y fallecida en 2025, fue conocida por ser la última euskaldun zaharra del Concejo de Betolaza. Nacida en Nafarrate (Legutio), vino a vivir a Betolaza cuando tuvieron que dejar su caserío que quedaría bajo las aguas tras la construcción del embalse de Urrunaga. En Betolaza, Garbiñe fue la última en mantener vivo el euskera de la zona como lengua materna, pero hubo un tiempo no tan lejano, en que esta pequeña aldea fue netamente euskaldun. De hecho, cuando Louis-Lucien Bonaparte, sobrino del emperador francés, realizó su famoso mapa delimitación del euskera y su distribución en dialectos en 1866, Betolaza aparecía como zona euskaldun, casi en el límite con la zona no vascoparlante. A partir de ahora serán las nuevas generaciones las que tomen el testigo de Garbiñe y hagan de nuevo sonar el euskera en Betolaza.


